ESCRIBIENDO ARTE Y VIDA

By Andrea Guachalla

Alguna vez has usado una máquina de escribir? Si tienes menos de 20 años al momento de leer esto probablemente no lo has hecho. Pero es agradable, te da un vistazo de la tecnología que era usada hace décadas. Cuando escribes en ella un sonido seco acompaña el taipeo, y un sonido vacío y brillante acompaña el presionar la barra de espacio. Después de terminar una fila tienes que deslizar todo el rodillo de vuelta, lo que viene acompañado de un sonido agudo al final.

Soy demasiado joven para haber experimentado el escribir en una máquina de escribir mucho, y ahora trabajando mayormente con una computadora no veo la necesidad de usar una realmente, pero sé que en décadas pasadas era una posesión altamente valiosa, especialmente en aquellos tiempos cuando la gente todavía mandaba cartas escritas a mano o escritas en máquina de escribir. Si pensamos en épocas de guerra cuando la gente no podía conseguir papel y tinta, mucho menos una máquina de escribir fácilmente, estoy segura que cualquiera de ellas hubiera sido una posesión preciada.

Estoy absolutamente segura de ello por Robbie Turner, un hombre que en medio de la Segunda Guerra Mundial deseó tener una de esas máquinas o al menos algo de papel y tinta para escribirle una carta a su amada Cecilia Tallis. A Robbie, quien estaba en prisión en 1940 en Inglaterra, se le ofreció la opción de unirse a la Armada Británica para salir de prisión. Él aceptó la oferta. Una noche, mientras viajaba a pie con dos de sus camaradas soldados – habiendo sido dejados atrás por el resto de la compañía – encontró una casa vacía que había sido bombardeada por los alemanes donde podían refugiarse. Los tres decidieron que era mejor esconderse allí dentro que seguir viajando en medio de la noche. Al día siguiente seguirían su camino a Dunkirk, donde el resto de la compañía esperaba a ser evacuado. 

Mientras compartían calladamente unas rebanadas de pan y discutían el mejor camino para llegar a Dunkirk lo antes posible, un sentimiento de nostalgia invadió el corazón de Robbie. Nostalgia por su hogar… ¿Pero qué significaba eso para él? Los últimos cinco años de su vida estuvo viviendo en prisión. Su hogar ya no era un lugar, sino una persona: Cecilia. Mientras sus camaradas seguían discutiendo temas sobre la guerra y la posibilidad de ir a casa, él se recluyó en otro cuarto donde las gotas de la lluvia se filtraban a través del techo agrietado. Se recostó en el suelo, exhausto, y arrastró sus pensamientos lejos de la guerra y los llevó a un lugar menos triste: ¿Cuál sería la mejor forma de empezar una carta para Cecilia? ¿“Amada Cecilia,” “Mi amada Cecilia,” o solo “Cecilia,”? No podía verla, pero solo tener una máquina de escribir para redactar una carta para ella hubiera sido suficiente… Al menos de esa forma hubiera podido contarle sobre los horrores de la guerra y las noches que pasó sin dormir intentando recordar su sonrisa.

El destino de Robbie hubiera sido totalmente diferente si no hubiera sido por Briony – la hermana menor de Cecilia. La familia Tallis era poderosa, vivían en una mansión en Inglaterra y tenían suficiente dinero como para financiar los estudios de Robbie, quien era solo el hijo de una de las sirvientas. Trágicamente, en el verano de 1935, cuando los Tallis tenían visitas del Norte de Inglaterra, un crimen gravoso fue cometido por el que Robbie fue falsamente acusado. ¿Quién lo acusó? Briony. ¿Por qué? Ella tenía una imaginación peligrosa que la llevó a asegurar a la policía que Robbie había sido quién cometió el crimen. Ahí mismo, no se dio cuenta de las consecuencias que tendrían sus falsas afirmaciones a largo plazo. Cecilia, el gran amor de Robbie, fue la única que se puso firme y lo defendió, pero no fue suficiente.

El destino de Robbie y Cecilia en las frágiles manos de una niña de 13 años con una peligrosamente vívida imaginación… Que tragedia.

Esa es la historia que leemos en la novela metaficticia de Ian McEwan titulada Expiación que fue publicada en 2001. Es también la historia que vemos en la adaptación cinematográfica del mismo título dirigida por Joe Wright y estrenada en 2007. Y además, es la historia que escuchamos en la banda sonora compuesta por Dario Marianelli para la película, en la que utiliza el lenguaje de la música para dibujar magníficamente la personalidad de los personajes y su trágica historia. 

El contexto en el que se desenvuelve la historia envía un mensaje a los personajes, que es el mismo mensaje que el libro, la película y la música mandan a la audiencia:  

“No creas en lo que lees, lo que ves o lo que sientes.”

¿Por qué? Porque el libro y la adaptación exploran cuán diferentemente perciben la misma situación los personajes. Briony, la pequeña y descuidada hermana falla en escuchar el mensaje y termina mandando a Robbie – quien fuera un amigo querido de la familia y el amado de su hermana – a la prisión. Arruinando por siempre la que hubiera sido una vida feliz para Robbie y Cecilia.

Las tres obras – libro, adaptación y banda sonora – están divididas en tres partes, establecidos en tres diferentes tiempos y lugares. La primera parte es sobre la imaginación de Briony que termina arruinando la vida de Cecilia y Robbie en el verano de 1935 en Inglaterra. La segunda parte es sobre las consecuencias de las falsas acusaciones de Briony y ella dándose cuenta de su error en 1940. Simultáneamente a esto, se muestra a Robbie batallando en la Segunda Guerra Mundial en Francia, a Cecilia trabajando en un hospital como enfermera en Inglaterra y a Briony entrenando como enfermera habiendo renunciado a su lugar en la Universidad de Cambridge a modo de castigarse. La parte final, es sobre Briony al final de su vida en 1999, tratando de expiar su pecado escribiendo una novela autobiográfica donde le da a Cecilia y Robbie el final feliz que les había negado.

Es aquí donde es el género de la novela y la película juegan un rol importante: metaficción, un género literario que busca explorar la relación entre la literatura y la realidad, entre la vida y el arte. Esto significa que cuando lees el libro – y ves la adaptación – con frecuencia se te recuerda que estás leyendo una obra ficticia.

La calidad metaficticia de la producción se desenvuelve como sigue: Estás siguiendo la trama tranquilamente que parece coherente y realista, viendo como la historia se desarrolla, siendo testigo de que, tras todos los problemas y dificultades, Briony es finalmente capaz de reconciliarse con aquellos a quienes les arruinó la vida con su imaginación, y sientes que toda la historia tendrá un final feliz hasta que…. algo inesperado aparece en la pantalla:

Una mujer anciana en un estudio de televisión siendo entrevistada por un reportero cuyo rostro no se muestra. Te preguntas quién es esa mujer hasta que, con una voz temblorosa, ella explica que la parte de la historia donde Briony se reconcilia con Robbie y Cecilia es solo parcialmente cierta y parcialmente una historia falsa de expiación y redención. La anciana es Briony, décadas después de las primeras dos partes. Después de la inesperada revelación el filme muestra la verdadera historia de lo que pasa después de que Robbie se va a la guerra y Cecilia se queda sola trabajando como enfermera, y todo eso permanecerá como un secreto en este artículo.

Eso es metaficción. 

Si quieres una forma más práctica de verlo, de hecho empezaste a leer metaficción en los primeros párrafos de este artículo. Probablemente pensaste que Robbie era una persona real hasta que mencioné que toda la trama era parte de un libro. Se pone más extraño aquí: Ahora mismo tienes una escritora escribiendo sobre un escritor quien escribe sobre una escritora quien escribe su propia historia. Una historia de expiación y redención. Y todos sabemos que todo esto es ficción.

O tal vez no todo.

Interesante, ¿no es cierto?

Ahora, Ian McEwan quien escribió la historia y luego trabajó como productor ejecutivo junto a Joe Wright para producir la adaptación puede ser considerado ciertamente un genio en literatura, y Joe Wright podrá ser considerado ciertamente un genio en la dirección cinematográfica. Ambos lograron guiar a los espectadores y/o lectores a explorar los límites entre realidad y ficción con ambos obra escrita y producción cinematográfica, y por ello fueron ampliamente aplaudidos y reconocidos. Sin embargo, ¿sabes que es más desafiante que eso? Explorar los mismos límites entre lo que es real y lo que es una historia sin usar tu sentido de la vista, sino tu oído. Esa fue la meta del gran compositor italiano Dario Marianelli, quien aceptó el desafiante trabajo de componer la banda sonora para la película y representó magníficamente la naturaleza metaficticia de ambos, libro y adaptación.

Él empieza la banda sonora revelando secretos escondidos: incluso antes de escuchar los violines, violas y los instrumentos de viento interpretados por la Orquesta de Cámara Británica, se escucha un instrumento poco convencional que extrañamente – o nunca – es usado para hacer música: una máquina de escribir. El golpeteo mecánico que viene de escribir en ella es el sonido inicial que escuchas en el primer tema de la película titulado “Briony” que alude a un pequeño secreto: toda la historia está siendo escrita por alguien; y luego, cuando todo el ensamble instrumental se une al ritmo de la máquina de escribir con una melodía rápida y misteriosa otro par de secretos son revelados: la tendencia de Briony de hacer conclusiones apresuradas y su identidad real – que es primero que nada – la de escritora. .

La primera conexión entre ficción y realidad es hecha en los primeros segundos de la película y continúa progresiva y magníficamente en las siguientes escenas: la triste y dulce melodía de los temas “Robbie’s Note”, “Come Back”, y “Love Letters”, dibujan el épico amor entre Robbie y Cecilia que sufren tal infortunio a través de los años, y luego, las melodías heroicas y trágicas de “Half Killed” y “Elegy for Dunkirk” que representan la temida guerra y la desesperación sin esperanza de los personajes.  

Todas esas composiciones añaden otra capa a las escenas, a los personajes y a las situaciones – una capa esclarecedora – que envía un mensaje al espectador: 

“Lo que no puedes ver, lo puedes escuchar.”

Dario Marianelli

Sin embargo, no es hasta que escuchas atentamente las composiciones y la forma en que se funden con las escenas que finalmente te das cuenta de cuan ingeniosamente Dario cruza la línea entre realidad y ficción: en la escena más famosa de la película – una larga toma de 5.5 filmada en Dunkirk, Francia – él funde el tema “Elegy for Dunkirk” intrepretado por la orquesta con un coro de soldados que cantan un himno en la escena misma mientras esperan a ser evacuados de la costa. Lo que parece ser un feliz accidente – la orquesta tocando coincidentemente en la armonía correcta para permitir que el coro se sincronice perfectamente con las melodías que están tocando – es en realidad la cuidadosa orquestación de Dario. 

Del mismo modo, en una de las últimas escenas el tema titulado “Denouement” puede ser escuchado. En la escena hay un grupo de personas buscando refugio en un túnel debido a los bombardeos de naves alemanas en la ciudad; entre las personas hay un hombre pobre que empieza a tocar la armónica, armonizando perfectamente con la música interpretada por la orquesta. De nuevo, la orquestación cuidadosa de Dario.

Todos los premios mundiales que ganó Dario por la banda sonora de Expiación llevan más significado que el reconocimiento por un lindo soundtrack. Es un reconocimiento a Dario mismo por ser el hombre que pudo transferir un género literario, metafiction, a la música. Empezando con una simple y elemental máquina de escribir…

Una máquina de escribir que no solo fue el medio para conectar música, literatura y cinematografía, y más allá, para conectar el arte y la vida, sino también el medio para convenir que quizá en una computadora podemos ir atrás presionando ctrl+z cuando sea necesario, pero nunca en una máquina de escribir. una vez que te equivocaste al escribir, no hay vuelta atrás. Como en la vida real.

La máquina de escribir está ahí para recordar a la audiencia que la vida está siendo escrita cada día para cada uno de nosotros y que no debemos esperar – como Briony lo hizo – hasta que seamos ancianos para reconocer nuestros pecados y errores, y expiarlos, sino más bien debemos ser imparciales y cuidadosos sobre la forma que vemos las circunstancias complejas, prontos a expresar nuestra apreciación por aquellos que amamos y ansiosos por buscar reconciliación y redención antes de que el último punto sea escrito.


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