Por Andrea Guachalla
Si tu primer pensamiento sobre el nombre fue “comer pescado”, ¡Siento decepcionarte!
Nada de pescados en esta página web.
Al principio de este proyecto, muchas opciones para el nombre vinieron a mi mente. Todos ellos tenían algo de interesante, pero “Tasting the Ocean” (saboreando el océano) simplemente se sintió bien. Se sintió como si revelara algo que apenas estaba empezando a entender.
Tiempo después, indagando en el “se sintió bien” descubrí que esas tres palabras responden a tres preguntas importantes que por primera vez, después de tantos años de escribir, me estaba preguntando: ¿Por qué? ¿Qué? y ¿Cómo?
¿Por qué escribo?
Bueno… Porque leo.
Cuando era adolescente leía MU-CHO. Era la clase de nerd que se quedaba en el aula durante el receso mientras los demás estaban comiendo o jugando, solo por tener un tiempo a solas con cualquiera sea el libro que estaba leyendo.
Por alguna razón, libros de ciencia ficción sobre navegar a mar abierto, viajar alrededor del océano pacífico y descubrir el mundo seguían llegando a mis manos. Leerlos se sentía como si hubiera estado descubriendo un nuevo universo, porque todos esos años estuve viviendo en un país sin salida al mar (Bolivia), lo que quiere decir que nunca antes había visto el mar realmente. Leer se sentía como estar saboreando el misterioso océano solo revelado a mí mediante libros. Eso es lo que los hacía tan atractivos.
Al crecer empecé a preguntarme si yo también podría tomar un bolígrafo y un papel y revelar misterios escribiendo.
¿Qué significa escribir para mí?
Voy a introducir la respuesta por medio de algunas preguntas si me permites: ¿No es hermoso que leyendo obtienes un vislumbre de algo que no entiendes por completo? ¿Un vistazo de algo que nunca has visto? ¿Un sentir de algo que nunca has experimentado? ¿Un atisbo de algo real únicamente en la mente de otra persona?
¡Es maravilla y locura al mismo tiempo!
¿Podría existir algo más loco que eso?
Escribir lo es.
Escribiendo puedes entender en tu corazón, ver claramente en tu mente, experimentar en tu alma y darle a otros un vistazo de algo que quizá solo sea real en tu mente, eres capaz de crear ilimitadamente con papel blanco y tinta negra. Y aun así, aun con las mejores habilidades para escribir que pudieras tener, solo puedes ofrecer un vislumbre.
Porque escribir es como saborear el infinito océano siendo un ser finito.
Eso me lleva a…
¿Como percibe mi mente la grandeza de Dios?
La verdad es que… Mi mente no es nada más que imprecisa respecto a esto. Entiendo que Dios nos creó a su imagen y para su gloria, y que el hombre prefirió rebelarse y pecar contra el creador de todas las cosas, desobedeciendo sus mandamientos. Entiendo cómo eso nos separó de Dios, y que pecar en contra de un ser eterno y santo nos hizo merecedores del peor castigo: muerte eterna bajo la santa ira de Dios.
Y, aunque todo esto suena tan terrible y condenatorio, debería volvernos más agradecidos hacia Él, porque en amor y compasión nos ofrece vida y reconciliación por medio de Jesús, su propio Hijo. Él fue enviado al mundo a vivir una vida perfecta, ser crucificado por sus enemigos y resucitado por este propósito supremo: pagar por los pecados de aquellos que creen en Él para que puedan ser reconciliados con Dios:
“Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio la potestad de ser hechos hijos de Dios.”
Juan 1:12, Reina Valera 1960
Ese es el mismo Jesús que una vez dijo:
...“Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí. Si me conocieseis, también a mi Padre conoceríais; y desde ahora le conocéis, y le habéis visto.”
Juan 14:6-7, Reina Valera 1960
Entiendo que conocer a Jesús es conocer a Dios el Padre y que es Él mismo quien nos capacita para cumplir sus mandamientos motivados por amor y gratitud:
“Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. […] [Y] amarás a tu prójimo como a ti mismo.”
Mateo 22:37, 39, Reina Valera 1960
Esto es todo lo que necesito saber para arrepentirme de mi forma de hacer las cosas, creer que Cristo, el Hijo de Dios, pagó por mi castigo y anhelar seguirlo.
Sin embargo… ¿No es misterioso que podría intentar conocer el carácter de Dios y sus perfectos planes, podría leer la Biblia entera docenas de veces, podría escuchar a eruditos de la Biblia o convertirme en uno y aun así no tendría la capacidad de entender cabalmente el carácter perfectamente santo y lleno de amor de Dios, la complejidad de su voluntad y su absoluta soberanía? Porque… “el amor de Cristo excede todo conocimiento.” (Efesios 3:19). E incluso si toda la humanidad estudiara Su palabra por interminables eras, aun así no alcanzaría su profundidad más profunda.
Sería como saborear el océano.
Puede que sepa de una forma u otra en diferentes lugares, y los alrededores y el clima podrán influenciar el sabor que finalmente llega a tu boca. Podrás concluir, inicialmente, que te gusta su sabor salado y sus tonos azules. Podrás decidir explorarlo un par de horas, o un par de años, y cada vez descubrirías algo nuevo.
Cada vez concluirías que no entiendes por completo su grandeza, su poder, su profundidad, sus misterios, y la complejidad y prodigiosidad de la vida que alberga, de la misma manera que no somos capaces de entender por completo cuan grande es Dios, cuan poderoso, cuan lleno de sabiduría, y amor, y justicia, y gracia, y misericordia, cuán misterioso e inescrutable es para nuestras mentes humanas, y cuán compleja y grandiosa es la creación.
Tal y como escribió el Rey David hace siglos en los Salmos:
“Tal conocimiento es demasiado para mí; alto es, no lo puedo comprender.”
Salmos 139:6, Reina Valera 1960
O como escribió el apóstol Pablo en su carta a los Romanos dos mil años atrás:
“¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos! Porque de él, y por él, y para él son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amén.”
Romanos 11:33, 36, Reina Valera 1960
Y aun así, por su gracia somos capaces de entender lo que él nos revela en su palabra:
“Las cosas secretas pertenecen a Jehová nuestro Dios, mas las reveladas son para nosotros y para nuestros hijos para siempre, para que cumplamos todas las palabras de esta ley.”
Deuteronomio 29:29, Reina Valera 1960
¡Cuán grande es Dios!
De la misma forma que me quedé sin palabras mientras miraba fijamente el océano por primera vez, mientras trataba de conciliar lo que había leído con lo que estaba viendo, también me quedo sin palabras mirando fijamente la Palabra de Dios cada vez que, por su gracia, llego a entender algo más sobre Él.
Porque Él es tan grandioso y yo soy lo opuesto, tan pequeña, tan humana.
Así que… ¿Por qué “Tasting the Ocean”?
Porque saborear el océano es como leer,
como escribir,
como intentar entender la infinitud de Dios siendo yo un ser finito e imperfecto…
Ahí tienes, mi amigo. Y si a este punto aun estas confundido porque no hay nada sobre pescados aquí… Bueno…
Te lo advertí. ¿O no?

1 thought on “CUATRO PALABRAS SOBRE “TASTING THE OCEAN”: no es sobre pescado”