COMO UNA PATINADORA SOBRE HIELO

En 2018, se celebró en Corea del Sur uno de los Juegos Olímpicos de Invierno más épicos del patinaje artístico. Como de costumbre, la categoría más esperada fue la individual femenina, donde las jóvenes compiten por llegar al podio.

Históricamente, la categoría individual femenina ha sido la más relevante, debido a la notoria rivalidad entre las concursantes, el hermoso equilibrio entre técnica y arte en las programas, la elección de la música para la coreografía y muchas otras cosas… Los saltos y elementos ultra C que las patinadoras ejecutan con fluidez, el bello y creativo vestuario que acompaña las actuaciones, los peinados, el maquillaje… ¡Oh! Es magia pura.

Lo que más llama la atención de este deporte no es solo su dificultad, sino cómo estas patinadoras pueden dar saltos, giros y otros elementos tan complejos, interpretando un personaje que va con la música que eligieron, y logran que todo parezca muy fácil. Como si dar un salto triple en el aire con una apariencia perfecta fuera algo cotidiano para ellas.

Uno de mis programas favoritos fue el de mi favorita de todos los tiempos, Evgenia Medvedeva, una reconocida patinadora rusa nacida en 1999 que bailó Dance With Me de Dario Marianelli para su programa largo (que puedes ver aquí). En su coreografía, gira y salta en perfecta sintonía con la música, ofreciendo un programa impecable, digno de una medalla de oro. Sin embargo, llora al salir de la pista tras saludar amablemente al público, anticipando que una de sus rivales se habrá ganado el primer puesto del podio y no ella.

Su sospecha se confirma cuando, un par de minutos después, Alina Zagitova, su compañera de equipo y una patinadora rusa muy talentosa, gana el primer puesto por pocos puntos. El sueño de Evgenia de ganar una medalla de oro en los Juegos Olímpicos se hace añicos. Y, sin embargo, incluso mientras lamenta esta pérdida, acepta el segundo puesto, la medalla de plata, con dignidad y agraciadamente.

La feminidad en su máxima expresión

Algo que siempre me ha encantado del patinaje artístico es su feminidad. Se presta mucha atención a los trajes de hermosa confección que usan las patinadoras, a su maquillaje y peinado, y a la gracia con la que se mueven por la pista entre los complejos giros y saltos que les dan la mayor cantidad de puntos. Esos elementos son, al menos, los primeros que se notan. Sin embargo, la verdadera belleza del deporte está en la resistencia y resiliencia de la patinadora, que se nota aún más cuando las cosas salen mal…

Como cuando una patinadora se cae al intentar un salto y se estrella contra el hielo frío, o cuando no logra seguir el ritmo de la música, o cuando tiene un problema de vestuario, o… Bueno, ya me entienden. Algo admirable de estas jovencitas es la rapidez con la que recuperan la compostura tras un gran fracaso, mientras millones de personas las observan.

Y eso me recuerda a la mujer de la que aprendemos en Proverbios 31.

Como una patinadora sobre hielo

La mujer de Proverbios 31 es, en cierto modo, como una patinadora artística. Es resiliente, agraciada y productiva en su uso del tiempo.

No solo cumple con sus responsabilidades como esposa, madre y parte de la sociedad, sino que lo hace con gracia y prestando atención a la belleza y los detalles. Como una patinadora sobre hielo que entrena para una competición y anticipa los factores que podrían afectar su rendimiento, anticipa el invierno y no teme que a ella y a su familia les falte nada, porque ha considerado todo lo necesario para asegurar que su familia se vista de escarlata.

Ella hace cosas difíciles, y al hacerlo viste lino fino y púrpura. Es diligente y trabajadora, ingeniosa y digna. Es serena, amable y sabia. ¡Oh! Como quisiera llegar a ser una mujer así, perseguidora de la sabiduría de Dios, feliz de ser esposa y madre, y ver la belleza en las tareas domésticas diarias. ¡Oh, ojalá todas pudiéramos ser tan dignas y, en lugar de estar ansiosas, pudiéramos reírnos del futuro!

A veces, al levantarme por la mañana, siento la tentación de usar cualquier ropa, dejar mi cabello como se despertó y ni pensar en maquillarme. Al fin y al cabo, las únicas personas que me ven la mayor parte del día son mi esposo y mi hijo. La cuestión es… ¿no es más lindo y digno añadir belleza a las tareas diarias? ¿No es más hermoso para nosotras, nuestros esposos y nuestros hijos que, como esposas y madres, nos gocemos de levantarnos por la mañana, ponernos el vestido más bonito, hacernos un peinado sencillo y ser intencionales en alegrarle el día a otros?

Así que me he puesto como meta que, mientras preparo el desayuno, trapeo los pisos, le doy un baño a mi bebé o recibo a mi esposo del trabajo, lo haré como una patinadora sobre hielo, más específicamente como Evgenia Medvedeva. Me esforzaré por lucir hermosa y agraciada, incluso cuando mi diligencia no dé los resultados que espero. Aún más, al recordar a la mujer virtuosa, me esforzaré por ser sabia y desarrollar resiliencia cuando surjan dificultades, y buscaré ser excepcional en mi servicio a mi familia y a los demás. Que el Señor me dé la fuerza para añadir belleza a dondequiera que vaya, en todo lo que haga.

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