A UNA JOVEN COMPROMETIDA

Querida Maggie,*

En mayo del año pasado, Jared y yo nos encontrábamos en un tiempo gracioso de no estar comprometidos aun pero sabiendo que lo estaríamos pronto (si entiendes a lo que me refiero). Es una transición suave de la que no hablas necesariamente, pero que está escrita por todo el rostro de la joven y se hace obvia por las cosas que empieza a comprar: platos, por ejemplo.

Cuando vine de visita a Arkansas por una semana, nuestras citas fueron de espontáneas en cafeterías y librerías a pasar nuestras noches libres limpiando la casa de sus abuelos en la que ellos ya no podrían vivir. Sabíamos que esta casa sería nuestra, y teníamos que empezar a prepararla de antemano incluso antes de que el anillo saliera de la caja.

Esas noches fueron de mis favoritas de todos nuestros meses juntos. Pienso que era porque ya había cruzado el bosque de ‘¿será él el indicado’, y había llegado al otro lado donde el paisaje era claro y hermoso. Él era el indicado, y esta era la casa, y había alfombras que arrancar del suelo. Soplábamos las hojas muertas de los florales, podamos los arbustos y los apilamos en el bulto de cosas para quemar, e intentamos bailar swing con canciones de Louis Armstrong mientras barriamos la gruesa capa de polvo de verano del garaje.

Una noche, cuando habíamos acabado de trabajar, puse dos sillas de mimbre en el pórtico trasero y llevé a Jared de la mano a tomar asiento. El cielo se tornó azul oscuro mientras el sol se hundía detrás de los árboles, y por primera vez, no importó que la entrada estuviera cubierta de adornos para el patio, o que las pesadas cortinas ahí dentro fueran tan pasadas de moda, o que la casa fuera mucho más grande y elegante de lo que jamás podría haber imaginado mi primera casa podrías ser. Me sentí contenta sentada en el pórtico de lo que podría ser.

A veces, Maggie, pienso que las mujeres jóvenes no se dan cuenta de que esto es algo bueno.

Hay una mamá gorrión que construyó su nido en la lámpara colgante de nuestra puerta delantera. No la mirarías—colectando ramitas, rascando la tierra en busca de gusanos, construyendo una cama—y la acusarías de estar descontenta. Ella no está arrastrándose en una fantasía que no le pertenecerá nunca; sino más bien está enteramente consciente de la realidad que eclosionará del huevo en unas semanas.

Como una muchacha comprometida, Dios tuvo que pastorearme a un lugar donde el anhelo se encontraba con el contentamiento—donde pudiera sentarme en el pórtico de una casa inacabada; usando un anillo aun sin estar casada. Mucho antes de que se apareciera Jared, había escuchado a una anciana muy sabia decir que si Dios no te satisfacía en tu soltería, tampoco lo haría cuando estés casada. Y resulta ser que si El no te satisface cuando estás de novia, tampoco lo hará cuando estés comprometida, o el día de tu boda, o (me imagino) cuando seas la madre de muchos niños.

“Un alma que es capaz de Dios no puede ser llenada por nada más que por Dios”, escribió Jeremías Burroughs en La Rara Joya del Contentamiento Cristiano (que aun no he terminado, pero fue una maravillosa lectura durante mi compromiso).

“Pues he aprendido”, dijo Pablo, “a contentarme cualquiera que sea mi situación. Sé vivir en pobreza, y sé vivir en prosperidad; en todo y por todo he aprendido el secreto tanto de estar saciado como de tener hambre, de tener abundancia como de sufrir necesidad” (Fil. 4:11-12).

El secreto, por supuesto, es Cristo que me fortalece.

El compromiso es una etapa de abundancia, Maggie. Nunca más vas a experimentar algo así, cuando todo en el mundo se siente tan eléctrico. Lo único que es mejor es el matrimonio mismo, y es por eso que no es muy temprano para empezar a construir el nido. Asegurar las escotillas. Comprar platos (de segunda mano si puedes, ¡es más divertido!). Solo no te adelantes tanto al Constructor que, por ahora, no puedas sentarte contenta en el pórtico de lo que será.

Tu hermana en Cristo,
Bethany J.


 

*Maggie es un personaje enteramente ficticio. Se podría decir que soy yo misma unos meses atrás. 

Este artículo fue publicado originalmente en el blog de Bethany en junio 22 del 2025. Haz click aquí para leerlo.

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